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 Anoche en el Café Libertad ....General, tu tanque es muy potente aplasta a cien hombres y arrasa el pinar. General, pero tiene un defecto: Necesita un hombre que lo pueda guiar. General, tu avión es poderoso Vuela como tormenta y destruye la ciudad. General, pero tiene un defecto: Necesita un hombre que lo pueda pilotar. General, el hombre es muy útil, puede volar, puede matar. General, pero tiene un defecto: Puede pensar. Puede pensar. Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, estas cenizas no juegan con fuego, este ciego no mira para atrás. Este notario firma lo que escribo, esta letra no la protestaré, ahórrate el acuse de recibo, estas vísperas son las de después. A este ruido tan huérfano de padre no voy a permitirle que taladre un corazón podrido de latir. Este pez ya no muere por tu boca, este loco se va con otra loca, estos ojos no lloran más por ti. Disculpen la tondtería, pero ¿adónde se van los pájaros cuando suenan las primeras sirenas de la guerra?
Perdonen la pequeñez, pero ¿adónde dejan sus crías cuando se acerca mortal el jaleo de la guerra?
Perdón por la ingenuidad, pero ¿cómo podrán evacuarlas cuando ya se oye llegar el ruido fatal de la guerra?
Es tan sólo una minucia, pero ¿qué luces buscan los pájaros cuando los cubre de polvo la tiniebla de la guerra?
Disculpen la insensatez, pero ¿adónde vamos los pájaros cuando se empeña la guerra en seguir tocando a muerto?
MADRID, ONCE DE MARZO Poemas para el recuerdo (Versión del autor) (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grnde que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asusntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estas rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catastrofes y hambrienta.
Quiero escabar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte, y besarte la noble calabera, y desamordazarte y regresarte.
Volverás a tu huerto y a mi higuera: por los altos andamios de mis flores pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas... del almendro de nata te requiero: que tenemos que hablar de muchas cosas compañero del alma, compañero.
Miguel Hernandez Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero!Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los alamos cantores que guardan el camino y la ribera, Habitado de pardos ruiseñores. Ejercito de hormigas en hilera va trepando por él y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas de alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
Antonio Machado He poblado tu vientre de amor y sementera, He prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo, y a reforzar tus venas con mi piel de soldado fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne sustento de mis alas, te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa mi frente que no se enfría y aplaca tu figura, te acercas hacia mi con boca inmensa de hambrienta dentadura.
Escríbeme en la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo. y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejaré a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo. Un día iré a la sombra de tu pelo lejano. Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas, y tuimplacable boca de labios indomables, y ante mi soledad de explosiones y brechas, recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando. Y al fin en un océano de irremediables huesos tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.
Miguel Hernández
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