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.Mukka.

 

Suelto el móvil aún luciendo con las palabras “Mensaje entregado” parpadeando en la pantalla.
Una parte de mí sabe que no vas a contestar, pero se calla, frunce el ceño y respira fuerte, no quiere herir a la otra parte más ingenua que sonrie y dibuja corazones de aire con el dedo índice.
Es dificil de explicar pero esa certeza se hace casi tangible mientras espero. 
El móvil cae sobre la almohada y a pesar de las mantas sé que, hasta después de un largo rato, el calor no volverá ni a mis manos ni a los dedos de mis pies.
Intento no pensar en nada y alejar la mirada del móvil, pero la parte intanquila va ganando terreno a la ensimismada y comienza la presión en el pecho, que desata las voces que se agitan en mi cabeza y que acaban por arrinconar a la parte feliz, ingenua, ensimismada, de nariz pequeña y sueños demasiado grandes.

De esto hace tres semanas y hoy, contra todo pronóstico, vuelves a llamar. Sé que esta noche soñaré contigo... cuándo he dejado de hacerlo?

 

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