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.Mukka.

Ese espejo refleja el cielo que yace gris y ajeno y a sólo un palmo yazco yo, frustrada, con frío y desvencijada. Un piano suave resuena en mi cabeza, empujando con cada nota un recuerdo de ti... y me doy cuenta una vez más de que ya no puedo, no sin tus manos. Que ya no quiero, no sin tus besos, seguir en este campo, yacente, como el cielo.
La velocidad a la que resbalan mis lágrimas contrarresta con la quietud del páramo, y poco a poco voy cayendo en un sueño espeso, mecida por las notas de un piano que empieza a dibujarse a carboncillo en ese sueño. Una sombra aparece junto él y avanza hacia mi a paso lento, aún está lejos pero puedo distinguir tus verdes ojos. Una gota cae en mi frente, haciéndome fruncir el ceño, otra en mi hombro y tu aún no me has alcanzado. Una gota más cae y resbala por mi barbilla, convirtiendo el piano en un borrón y me despierto, está lloviendo y sigue haciendo frío, ya no está el verde de tus ojos, tan sólo el gris del cielo.  

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