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.Mukka.

El rugido de las olas que rompían antes de llegar a la orilla, el viento que zumbaba y hacía que la ropa se ciñera con fuerza a su cuerpo, las nubes que encapotaban el cielo y el olor a sal, le hacían sentirse protegida. Caminaba lentamente dejando un rastro de huellas en la fría y espumosa arena que el agua no alcanzaba a borrar. Con la cabeza baja buscando piedras a pesar de las lágrimas que nublaban el suelo, a pesar de la oscuridad en que sumía al paisaje la tormenta, iba recogiendolas y guardando en su mano una tras otra, como si fueran pequeños trozos de su pasado.
Había salido en busca de una razón y por eso caminaba desafiante a lo largo de la playa convirtiendo el dolor en fuerzas para dar un paso más. Una razón, porque alguien una vez le dijo que había una explicación para cada cosa y que todo ocurría por un motivo concreto. Necesitaba saber por qué a pesar de sus intentos por apartar a la soledad ésta volvía siempre a colocarse, como si de su propia sombra se tratara, bajo sus pies. Por qué después de haber evitado durante toda su vida cualquier parecido, al final, acabaría sola como Ella, pero sin saber que se siente cuando te aman con toda el alma.
No quería pensar, quería respuestas, pero sólo oía al mar. Así que se paró de repente y se sentó, dejando que las olas salpicaran sus tobillos y haciendo caer todas las piedritas de sus temblorosas manos. Se derrumbó por completo, perdiendo toda la seguridad que le hacía sentir el viento, que seguía zumbando y alborotando su pelo. Arrancó a llover y la lluvia no arrastró su pena, ésta siguió clavada en el mismo lugar, doliendo como mil alfileres en forma de infinita pregunta sin respuesta, justo en el hueco que le habían dejado y que intentaba tapar con piedras.

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